domingo, 11 de marzo de 2007

Sólo un poco

Los ojos son ventanas, portales lagrimales de un vagar terrne. Guiños tiernos de animal herido, lotos frescos en parpados abiertos. Todos somos hijos del vaiven. Cazador cazado, calido gemido. Heraldos dormidos de un tremulo roce, barrera en el sonido, pajaro sin norte. La risa es el torrente que cuando cae alto reverbera el alma. Cola de cometa en risa que arrebola, que eterno te dispersa por instantes. Todos somos hijos del vaiven. Cazador cazado, calido gemido. Ventanas abiertas al relente de la noche, centros de universos, muñecos de resortes. Si es que sincero he de ser y me escuchais, os contare que hoy me siento un poco solo. Solo un poco. Si he de ser sincero, hoy me siento un poco solo. Solo un poco. Y hay tantos hoy en un instante... Un pasado roto no es nada. Al final te das cuenta de que nunca estuvo entero del todo. Tu sabes de los vaivenes del animo, de lo deprisa que pasan los años, del reptar de las obligaciones, de lo poco que duran los momentos brillantes. Todos somos hijos del vaiven. Cazador cazado. Calido gemido. Si es que sincero he de ser te contare que hoy me siento un poco solo. Solo un poco. Si he de ser sincero. Tu sabes que los dias apenas nos dan para un vivir apresurado. Tu sabes que tuvimos alas, que el presente ya es pasado, que se puede acampar al pie de las montañas y hacer un fuego blanco junto a un lago.


Manolo García nos deleita con sus penetrantes letras, que en ráfagas de segundo nos evidencía el sentido que la vida y su vaivén nos regala con el paso del tiempo en nuestro caminar, haciéndonos partícipes de una danza sin retorno en su compás.

"Vaivén"
Movimiento alternativo de un cuerpo que después de recorrer una línea vuelve a describirla, caminando en sentido contrario.

El resultado de ese contoneo de la vida, que en ocasiones se declina hacia el esplendor y en un instante sientes... ese bamboleo, deslizándose hacia la oscuridad. Así, una y otra vez. Acciones que determinan el encuentro con nuestro acaso, asignándonos una reflexión de aquello con lo que nos topamos, insinuándonos la alternáncia, que requiere nuestro florecer.

Y, sí, todos somos hijos del vaivén.